Fragmentos de identidad en el camino. La particular crónica de viaje de Cynthia Rimsky en Poste Restante.

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Por: Jéssica Sessarego

Imagen: Shannon Rankin

Recientemente la editorial argentina Entropía ha publicado una edición de la novela Poste Restante (aparecida originalmente en 2001), de la autora chilena Cyntia Rimsky. Jéssica Sessarego nos invita a efectuar un recorrido por esta interesante crónica de viaje, la cual a partir de una construcción formal rica y diversa permite reflexionar al lector sobre los complejos reordenamientos de vida y cosmovisión que generan las migraciones. La obra integra ejes que van desde una búsqueda personal por efectos de procedencias y ascendencias familiares, hasta las dinámicas más cotidianas y aparentemente triviales que surgen de las vivencias en entornos distintos al lugar de origen.


Poste Restante (Cynthia Rimsky)

Editorial Entropía, 2016

241 páginas

 

¿Yo? ¿Ella? ¿Una anónima chilena que se cuela cual personaje secundario en un pequeño recorte de la trama? Jugar con los pronombres permite a Cynthia Rimsky elaborar su crónica Poste Restante como una pregunta por la identidad; o como un largo y complejo tablero en el que las diversas fichas de la identidad se dispersan, se chocan, se rozan, se besan. Un puñado de letras alcanza para instalar el tema: ¿es lo mismo Rimsky que Rimski? ¿Son la misma familia, son las mismas personas?

La crónica se inicia cuando a la protagonista, casualmente una chilena llama Cynthia Rimsky, le entregan un álbum familiar comprado en un mercado persa. El mismo lleva la palabra “Rimski” inscripta en el lomo. ¿Serían antiguos miembros de su familia? ¿Le habrían cambiado el apellido a su abuelo al pasar por la frontera, como a tantos otros? ¿Habría en algún lado alguien que pudiera reconocer a los individuos de las fotos como parientes suyos? Este interrogatorio sin destinatario fijo es la excusa para abrir un largo viaje a Medio Oriente, los Balcanes, el mundo entero, cuyas paradas implicarán una nueva entrada en la crónica.

Pero tampoco dichas “entradas” serán las de un diario de viaje ordinario. Hay fotos, mapas, cartas enviadas a la protagonista por parientes y amigos, fragmentos fechados y a veces localizados, fragmentos con títulos cual relatos breves.

Lectores ansiosos buscarán correspondencias entre los pronombres, los tipos de fragmentos y las variedades de títulos, y sentirán una vaga frustración al encontrar más de una vez la tercera persona en las entradas de diario (108, 174) y la primera en los relatos titulados a la manera de cuentos (96). Las descripciones de las fotos, que una asociara inicialmente a los repetidos apartados “Álbum de familia”, aparecen también en cualquier otro fragmento. Entre medio de las cartas de terceros, de pronto hay una carta escrita por la protagonista. Pero así se sostiene este libro, no como un camino continuado sino como una sucesión de postes colocados en los bordes, postes autónomos, únicos, irrepetibles, y que a la vez dejan entrever la ruta que avanza silenciosa a su lado.

Entre tantas preguntas cabe rescatar una indispensable para cualquier reseña: ¿Quién es Cynthia Rimsky? Nacida en 1962 en Santiago de Chile, ésta reconocida escritora hoy reparte sus días entre su país natal y Buenos Aires, siempre y cuando no esté de viaje. Si bien ya había escrito algunos relatos cortos, su primer libro publicado fue Poste Restante, en 2001, el cual marca de algún modo toda su obra posterior, plagada de viajes  o más bien de migraciones, de conexiones entre lugares y personas, de géneros combinados, de anécdotas autónomas. Esta crónica, o novela al decir de muchas reseñas, o diario, o improvisado itinerario, tiene origen en un viaje real que Rimsky realiza a contramano del recorrido hecho por sus abuelos hace medio siglo atrás: de Santiago va a Londres, de allí a Israel, luego a Egipto, a Chipre, a Rodas, a Turquía, llega a Ucrania, pasa por la ciudad de Praga, alcanza Polonia, Austria, finalmente Eslovenia y retorna a Santiago. Hay quienes dicen que el texto es producto de la planificación del viaje antes que del viaje mismo, cosa que esta reseñadora no pudo corroborar pero que no deja de ser posible y ser parte de la eterna ambigüedad de la escritura entre la no ficción y la ficción. Similar cruce se da en su obra Los perplejos (2009), en que se intercala una biografía novelada de Maimónides con su propio y errante viaje tras los pasos del biografiado. En Ramal (2011) el protagonista es un personaje de ficción, pero curiosamente comparte varias anécdotas personales con la Rimsky personaje de Poste Restante, como ser la del antepasado dentista que atendía en la calle Maruri y que se negaba a trasladar su consultorio al barrio alto, en el cual podría haber cobrado más caro.

Hoy en día la autora se dedica a dar talleres de escritura en torno a la no ficción y a los viajes, tanto en Chile como en Argentina. Además de los libros mencionados, publicó La novela de otro (2004), Fui (2016) y El futuro es un lugar extraño (2016), además del relato “Cielos vacíos” dentro del volumen Nicaragua al cubo (2014). Ha recibido varios premios, como ser el primer lugar en los Juegos Literarios Gabriela Mistral, el segundo del Premio Municipal de Santiago y la beca Fundación Andes.

Editorial Entropía es la primera en publicar Poste Restante en nuestro país, cosa que hacía falta ya que no es nada fácil conseguir la versión chilena. El título de la obra alude al servicio que brindan muchas oficinas postales de recibir la correspondencia para aquellos que no tienen residencia fija. Este servicio era utilizado por la viajera, que reproduce en el libro los sobres de las cartas que le envían a “poste restante”. Pero incluso aquí aparece la vuelta de tuerca que confunde el sentido de cada apartado: un breve epígrafe debajo de la imagen aclara que la carta fue devuelta a Chile, es decir, que no llegó a la viajera, al menos no mientras viajaba. ¿A qué se debe esto? ¿Qué guiño nos hace Rimsky en este comentario? El lector debe estar atento si no quiere perderse en los múltiples juegos de la narradora, que pocas o ninguna vez sigue el camino lineal esperado ni mucho menos da explicaciones.

Los detalles, lo pequeño, lo que nadie observa es la prioridad en esta crónica. Como en el film Belleza Americana (1999) de Sam Mendes, el sentido y la magia pueden esconderse en una bolsa plástica girando en el aire. Literalmente: dentro de la visita a Ucrania se encuentra el fragmento titulado “Bolsas plásticas”. Allí, una narradora omnisciente explica que en ese país en los negocios no entregan jamás bolsas plásticas, y que no solo deben comprarse sino que salen caras y hasta las hay que pueden considerarse un objeto de lujo (alusivamente denominadas “Armani”, “Versace” y “Boss”). Este pequeño hecho acaba por tener más significación que el nombre de los  pueblos que visita o de las familias que conoce, puesto que recuerda un acto preciso y repetido de la madre de la viajera en Chile:

“Antes de partir su madre cogió una bolsa plástica que había tirado en la cocina y le enseñó a doblarla tal como aprendió de su madre a aprovechar los restos de comida para hacer un nuevo plato, a no botar los alimentos porque en otro lugar del mundo pasan hambre, y a reutilizar el pan añejo. Su madre no recuerda el apellido de su abuelo ni el nombre del pueblo donde vivió, pero atesora las bolsas plásticas en un país donde sobran”. (170)

Así, los diversos relatos irán configurando una constelación de relaciones entre la vida cotidiana de culturas diversas, mostrando las marcas que la migración ha dejado en Chile pero sobre todo construyendo la idea de que la historia de todo migrante es una fantasía, una acumulación de memorias inventadas, objetos desconocidos, nombres olvidados, fotos ajenas; y no por eso menos valiosa, sino todo lo contrario: una historia que vale la pena ser (re)vivida en carne propia.

Al contrario de las guías turísticas que nos hacen imaginar el desplazamiento como un cúmulo de felicidades fáciles, continuadas, rápidas, Rimsky se detiene en lo moroso, en lo difícil, en las repeticiones. Relata su ir y venir por una misma calle todos los días que permanece en determinado pueblo, describe el mal estado de las habitaciones en que se aloja, menciona desprejuiciadamente las estafas y aprovechamientos varios que sufre, transcribe los diálogos desencontrados con quienes no comparte el idioma, y es en estos hechos donde se fortalece y se hace tangible la experiencia. Los lectores la acompañamos lentamente en cada pincelada de su historia familiar extraída a fuerza de observación y paciencia a los espacios, personas y costumbres más recónditos, a sabiendas de que el resultado final no será una totalidad clara, inteligible, tranquilizadora; en cambio será, lo sabemos desde las primeras palabras, una pintura hermosa.