Repellent Fence y el nudo gordiano fronterizo

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Por: Héctor Domínguez Ruvalcaba*

Imagen: Colectivo Postcommodity

Mucho se habló en el último tiempo sobre la polémica promesa de campaña de Donald Trump de instalar un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, algo que, de cumplirse, más que creación sería una extensión: ya hace tiempo que los principales puntos fronterizos están vallados. A contramano del que montó la administración Bush entre Agua Prieta, Sonora, y Douglas, Arizona, el colectivo de arte Postcommodity, en colaboración activa de ambas poblaciones, se propuso sortear el muro a través de la pieza Repellent Fence, sobre la que el investigador Héctor Domínguez Ruvalcaba, de la Universidad de Texas, reflexiona en esta nota.


Del 10 al 12 de octubre de 2015, el colectivo de arte Postcommodity instaló una pieza gigantesca llamada Repellent Fence (valla repelente) que consistió en una serie de 26 globos dispuestos a lo largo de tres kilómetros en sentido perpendicular a la frontera que une y divide Agua Prieta, Sonora, y Douglas, Arizona. Mitad de ellos se despliegan en el territorio mexicano y la otra mitad en el estadounidense. Kade Twist, Cristóbal Martínez y Raven Chacón son los integrantes de este equipo de arte visual cuya trayectoria se remonta al 2007. Su intervención en la escena pública, según ellos mismos lo explican, trata de hacer patente una mirada nativa frente a la violencia física y simbólica de la globalización, el proyecto rapaz de la colonización neoliberal.

El proceso de instalación empieza dos años atrás con la exploración de la línea fronteriza para encontrar el sitio donde confluyeran tanto una comunidad binacional organizada que se involucrara en el proyecto y un paisaje que permitiera narrar la experiencia fronteriza. En esta obra, la geografía es el elemento primordial. El objeto ready made que concentra los tropos que habrían de ponerse en acción es una réplica a escala (de 0,5 a 3,05 metros de diámetro) de un globo que se comercializa como scare eye balloon cuyo propósito es ahuyentar a las aves de jardines y campos de cultivo, pero que resulta inútil para ese propósito. Esta inutilidad hace del globo una metáfora del mercado basado en la producción de basura como principio de la economía. Los globos tienen impresos cuatro ojos formados por círculos concéntricos coloreados de negro, rojo, amarillo y blanco que podemos encontrar en varios objetos utilizados tradicionalmente en diversos grupos indígenas del continente como dispositivos de sanación, según explican los mismos artistas. Esta coincidencia permite hablar de una descolonización a través de un objeto que la mendacidad del mercado arrebató del universo simbólico nativo.  Repellent Fence es una escultura de globos que escapan de su condición de mercancía para habitar por un par de días la geografía del desierto. Son esculturas efímeras en un terreno vacío y luminoso que yace bajo el peso de la inmensidad atmosférica. En esta relocalización como pieza artística, los ojos repelentes abandonan su falsa pretensión de ahuyentar aves para contarnos la historia obstinada de los proyectos coloniales.

Ojos que espantan, ojos que protegen, ojos que están atentos a los devenires, ojos que extienden su mirada hacia los cuatro puntos cardinales que se prolongan por todos los confines. El horizonte se ensancha como una gran tela donde se inscriben los deseos y preocupaciones de la comunidad binacional de Douglas y Agua Prieta. Frente al muro instalado bajo la presidencia de George W. Bush, los habitantes de la comarca participan en reunir los fragmentos territoriales desgarrados violentamente. Repellent Fence es una sutura ejercida a modo de resistencia ante la hostilidad imperial. Los pobladores de ambas ciudades van y vienen, viven juntos pese a todos los obstáculos, anudan de norte a sur sus lazos sanguíneos e históricos, y llaman casa a una extensión de suelo sepia y lastimado, marcado por la afrenta. Desde esa mirada que cuelga a más de 15 metros de altura, que se levanta por sobre el muro que pretende clausurar el flujo ancestral del viento y la permanencia inexorable de naciones también ancestrales, es que se articula la unión comunitaria que celebra con Postcommodity la pervivencia de la tierra y su gente. La mirada que ahuyenta los males se levanta a la altura de los pájaros que, como la conciencia ciudadana fronteriza, vuelan a contracorriente de los obstáculos.

Dice Raven Chacón que los globos marcan un camino que hay que recorrer entre espinas. En este sentido, Repellent Fence es ante todo una narración que se vive en el recorrido de la brecha agreste entre globo y globo. Postcommodity y la comunidad binacional que colabora en el proyecto no denuncian ni demandan nada más que eso: recuperar la historia reiterada de los trayectos letales. Se trata de narrar en múltiples direcciones. Los globos se levantan hacia el cielo prístino del desierto, y la fila que forman se desplaza trazando una ruta que recorre los furtivos senderos de los migrantes. El lecho del arroyo seco por donde pasa la línea de globos es ya un espacio significado por las narrativas trágicas de las sagas migratorias. No podemos dejar de aludir a los cuerpos que mueren de insolación y los otros perseguidos por los cazailegales supremacistas de los ranchos de Arizona, o los que desaparecen sin dejar huella y que dan lugar a especulaciones sobre tráfico de orgános, como ficcionaliza la novela de Ricardo Guzmán Wolfer La frontera huele a sangre (2002). Las connotaciones son inevitables porque el desierto que guarda en su piel estas sagas infames se ha convertido en uno de los escenarios del terror donde transcurren innumerables historias cinematográficas y literarias, prodigadas en una y otra lengua. Los ojos sanadores y ahuyentadores de los globos miran hacia los cuatro puntos cardinales, a contrapelo del odio de las cámaras y los binoculares de los asesinos xenófobos. Parecen escudriñar los trazos de sangre, quieren penetrar la lejanía donde se perdieron los despojados, los desplazados, los soñadores.

En esta multiplicidad de líneas que se intersecan y se lazan en diversas direcciones es que encontramos los hilos narrativos que sustentan el imaginario fronterizo. Porque la frontera no es un lugar estático, es un punto de encuentro y fuga, de llegada y desplazamiento; es un nudo gordiano que el tajo divisorio del muro no logra romper. Se trata en todo caso de narrar la presencia indómita de los hombres y mujeres expulsados de su origen, despojados de su calma y su futuro. El muro pretende detener el flujo de los cuerpos descendientes de los nativos de este continente, pero esto solo constituye un reto que vencer, más que una derrota. El muro no es impenetrable, termina siendo roído desde el subsuelo por túneles que inyectan mercancías tóxicas en las venas del imperio; y desde la superficie es constantemente burlado. El cauce migratorio impondrá su historia pese a los implacables esfuerzos de los invasores que demarcaron lo que no puede escindirse por decreto. En este sentido, el trazo que forma Repellent Fence entra en tensión con el trazo que se tiende de oriente a poniente, el de la ocupación europea que llega a imponer un tajo sobre un territorio de naciones diversas, la herida abierta de Anzaldúa, ahora remarcada tercamente con un muro. Narrar desde los globos es desplegar la historia de las líneas que recortan el paisaje desnudo del desierto. De esta manera, Repellent Fence sintetiza la obsesiva tensión con que se escribe la frontera.

Valla Repelente (Repellent Fence). Postcommodity (Raven  Chacon, Cristóbal Martínez, Kade L. Twist). Agua Prieta, Sonora (México)/Douglas, Arizona (EEUU), 2015.

 

* Héctor Domínguez Ruvalcaba es profesor e investigador de literatura y cultura latinoamericanas en la Universidad de Texas, Austin (Estados Unidos). Es autor de La modernidad abyecta. Formación de discurso homosexual en Latinoamérica (2001), Modernity and the nation in Mexican Representations of Masculinity (2007), Nación criminal (2015), y Translatins the Queer: Body Politics and Transnational Conversations (2016).