Gerardo Mello Mourão, un poeta maldito brasileño

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Por: Odorico Leal*

Traducción: Juan Recchia Paez

Ilustraciones: Gilvan Samico

Portada: A Criação das Sereias – Alegoria Barroca, 2002

Gerardo Mello Mourão fue una figura literaria brasileña de hondos contrastes personales y poéticos, lo cual determinó su condición marginal y aislada de los círculos intelectuales de su país. Odorico Leal nos ofrece una valiosa aproximación al carácter de su particular obra y a algunos eventos de su vida, en traducción de Juan Recchia Páez.


Gerardo Mello Mourão (1917-2007) fue una figura singular en las letras brasileñas. Poeta, escritor de ficción, traductor, biógrafo y periodista, su trayectoria diverge bastante de la vida pacata, del reconocimiento de escritorio o biblioteca, que tantas veces constituye la vocación de los escritores brasileños. Gerardo, al contrario, participa activamente de los turbulentos eventos del siglo XX nacional, pagándolo más de una vez con la libertad. Nace en 1917, en el interior de Ceará, en el nordeste del país, hijo de una familia empobrecida, pero tradicional, la cual mitificará en una poesía de soplo épico, de fuerte cuño genealógico y autobiográfico. Pronto se traslada para Minas Gerais, donde reside en el Seminário dos Redentoristas holandeses, en Congonhas do Campo, de 1928 a 1934, y vivencia una experiencia de larga reclusión que se repetirá, más tarde, en circunstancias adversas. Pocos meses antes de pronunciar los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, abandona el convento, y rompe, como escribe “con la castidad y la obediencia, preservando, sin embargo, la lujosa opción de la pobreza”.

De Minas, sigue para Rio de Janeiro. Habiendo abandonado la vida de claustro, se aventura por peripecias en el mundo profano: asiduo frecuentador de los cabarets de Lapa, barrio bohemio de la entonces capital del país, Gerardo Mello Mourão lleva una existencia marcada por la peregrinación  –la “irresidencia en la tierra” – en busca de consuelo existencial, y por un sentido elegíaco de pertenencia a “un lugar y una compañía” –el “país de los Mourões”, la tierra de los ancestros que le valen como imagen de la comunidad perdida. En su juventud en Rio de Janeiro, funda con amigos –entre ellos Abdias do Nascimento, mayor figura del movimiento negro en Brasil, y el poeta argentino Godofredo Iommi–  la Santa Hermandad de la Orquídea, especie de cofradía poética que sale de viaje por América, en 1940, con la intención de realizar un mapeo poético del continente. Esa aventura de juventud –con el ambicioso lema de “¡O Dante o nada!” – marcará para siempre su vida y su poesía.

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“A mão”, 1957.

De regreso al país, desciende al infierno de las turbulencias políticas –se envuelve, todavía siendo muy joven, con el movimiento integralista brasileño, de perfil católico y nacionalista, episodio que hasta el fin de su vida lo cubrirá con un aura de simpatizante fascista y que estimulará el silencio de buena parte de la crítica nacional sobre la obra que escribió. Nelson Rodrigues, el gran dramaturgo brasileño de la segunda mitad del siglo XX, llega a escribir, en un artículo datado en 1969, para el periódico O Globo, que “uno de los silencios más feos y más viles de nuestra vida literaria es el que se hace contra Gerardo Mello Mourão”. El período integralista de la vida de Gerardo es bastante oscuro. Sin embargo, el hecho es que, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, envuelto en actividades conspiratorias contra el régimen dictatorial del presidente Getúlio Vargas, lo apresan como traidor, acusado de colaborar con espías nazis. Permanece en cautiverio, como preso político, en Ilha Grande y en Ilha das Flores, en el Estado de Rio, de 1942 a 1948, entre integralistas y comunistas. Es en la cárcel que escribe la novela O valete de Espadas, publicada en 1950, su mayor éxito editorial, con el cual se inicia, de hecho, su larga carrera literaria.

En el año de su aparición, O valete de Espadas causa gran impacto, y rompe con los horizontes temáticos y estilísticos de la prosa brasileña de por entonces. Narrativa ficcional que se aproxima a la novela episódica de búsqueda espiritual, nos presenta al protagonista Gonçalo, víctima de una trama fantástica: al dormirse, despierta siempre en otro lugar –sea en un hotel de una ciudad extranjera, en un convento, en un prostíbulo, en un cuartel de conspiradores. El héroe es aquí una “sota de espadas”, lanzado al devenir, sin poder sobre su destino. Atraviesa el relato una clara dimensión autobiográfica –Gerardo es ese personaje que del sertón nordestino se va para el claustro del convento, después se mete en los cabarets de Lapa, participa de conspiraciones, etc.; por otro lado, hay una dimensión alegórica, con sustrato propio de cierto existencialismo cristiano –de una tradición que va de la filosofía de Kierkegaard al cine de Bergman–, y que da cuenta de la angustia del hombre moderno destituido de comunidad y transcendencia, incapaz de conceder sentido al juego de dados aleatorios de su vida. Se trata de un libro de implicaciones filosóficas inéditas en la literatura brasileña de entonces, rápidamente traducido a diversas lenguas, incluido el francés, por la prestigiosa editorial Gallimard, y el español –en Argentina, es traducido por José Bianco (1908-1986), escritor y traductor, secretario por dos décadas de la emblemática Revista Sur.  A pesar del éxito de su primera novela, Gerardo es, sobre todo, poeta, y es en la trilogía poética de Os Peãs, escrita, en parte, en el exilio, durante la Dictadura Militar, que lo encontramos en el auge de sus fuerzas creativas.

Os Peãs guarda una especie de respuesta poética al problema existencial propuesto por O valete de Espadas: desaparece el énfasis sobre la melancolía y el sentido de abandono existencial y viene la afirmación apasionada de sí y de la vida, manifestada tanto en la materia del poema –largamente heroica– como en su sensualismo verbal, su tono y su música. De hecho, si O valete de Espadas es una novela llena de indagaciones perplejas sobre la vida, Os Peãs es un poema nietzscheano de aceptación de la vida en toda su tragicidad dilacerante.

La trilogía reúne O País dos Mourões (1963), Peripécias de Gerardo (1972) y Rastro de Apolo (1977). El primer volumen es un “poema de fundación” en el que Gerardo, asumiendo el papel de poeta épico, rememora el mundo de los antepasados, el “país de los Mourões”, el nordeste arcaico –se abre un tiempo mítico, entendido aquí como el tiempo de los actos fundacionales. El segundo volumen trata de las andanzas del poeta que se presenta como sobreviviente de aquel “país de los Mourões”, exiliado que guarda la memoria de la comunidad perdida. Es un libro de viajes por el mundo contemporáneo, “canto itinerante”, que tiene como moldura simbólica Os Luisíadas, de Camões, y el Diário de Navegação, de Pero Lopes de Souza, relato de una expedición de navegadores portugueses a la costa brasileña, en 1530. El tercer volumen, finalmente, retrata la búsqueda del saber ancestral, los misterios órficos, y envuelve una visita al oráculo de Delfos donde el poeta promulga, sobre la mirada atónita de los turistas, un ritual primitivo de celebración, y entona “peãs”, himnos de alabanza a Apolo.

En el panorama de la poesía brasileña de la segunda mitad del siglo XX, la trilogía de Gerardo ignora las tendencias literarias: en vez del lirismo cotidiano y minimalista de la poesía urbana marginal o del poema imagético de los concretistas, Gerardo retoma las fuentes arcaicas de la lengua para articular una dicción heroica, elevada, que, por el recurso de la intertextualidad, se alimenta de la historia del idioma, en una especie de arqueología lingüística: relatos de viajes del siglo XVI, cartas oficiales a la Corona del siglo XVIII, crónicas familiares del siglo XIX –todo entra en el poema de Gerardo que, como un Os Lusíadas a la brasileña, plasma la memoria heroica del país. En términos de taxonomía literaria, nos ocupamos aquí de un texto radicalmente experimental, que se inserta en un género específico de poesía moderna –género de expresión innegablemente lírica que, no obstante, se distingue y delinea su perfil en el diálogo con la epopeya. A ese género de poesía moderna pertenecen Leaves of Grass de Walt Whitman, Cantos, de Ezra Pound, Mensagem, de Fernando Pessoa. El conflicto subyacente en esas obras implica siempre el problema de la carencia de comunidad, de modo que la epopeya –como poema nacional– se transparenta como moldura simbólica por la cual se señala una totalidad deseada y nunca alcanzada. En Os Peãs, la voz poética oscila entre la narrativa épica sobre “ellos”, los antepasados, la comunidad perdida, y la expresión lírica de un “yo” dilacerado que busca por la poesía instaurar una dimensión simbólica –un plano del “nosotros” – de continuidad entre el pasado arcaico y el presente moderno, impulsado por el deseo de rescatar lo irrescatable.

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“A Chave de Ouro do Reino do Vai Não Volta”, 1969.

A pesar de su innegable valor, la obra de Gerardo ha sido poco contemplada por la crítica literaria académica. Contribuyen a esto tanto el pasado integralista como el temperamento polémico, de obvios trazos extemporáneos, que hacen de él un verdadero poeta marginal brasileño. La gran lección de su poesía, sin embargo, es la de la libertad radical que, para Gerardo, sólo puede realizarse por la vivencia poética del mundo. Cierro este breve perfil con un fragmento biográfico que el poeta escribió para una edición de Os Peãs y que sintetiza el espíritu de su aventura poética:

Viajó por toda América y por toda Europa. Y por todo Brasil. Sus poemas son escritos verso a verso en las ciudades por donde pasa. (…) Aunque frecuentemente obligado a la esclavitud del trabajo, insiste en ser marginal del establecimiento, pues no tiene y no quiere tener profesión.  Hasta porque la ocupación de ser y de existir, el ejercicio y los trabajos del amor no dan tiempo a ninguna otra profesión. La poesía es, asimismo, el único tiempo y el único espacio posible, la única categoría humana, ejercitada menos en el acto de hacer poemas que en la forma y en el rito de convivir con las cosas, los lugares y las personas.

 

“Inventario”, poema-epílogo de Elegía de Susana, funciona como inventario de la propia obra de Gerardo, y alude a varios temas y conflictos propios de su esencia: reúne la evocación del mundo cultural de la comunidad perdida –el sertón nordestino, la casa grande, el ingenio; la constatación elegíaca de la extinción de aquel mundo; y, finalmente, la figura del poeta como heredero de aquello que es eterno –la belleza, “Susana”.

Inventario (traducción de Juan Recchia Páez)

José heredó las tierras

Juan los ríos

con sus navíos

en el Amazonas en el San Francisco en el Parnaíba

Francisco heredó el ingenio

la caña de Cayena

Manuel heredó los patacones de oro

Antonio heredó las estancias de bueyes

y Pedro la casa-grande

escalera de mármol

jacarandás labrados

otros heredaron caballos

arneses estribos de plata

y hasta Miguel heredó

el sombrero de copa la casaca

el reloj y la cadena

de oro.

 

 

En aquel tiempo había amantes francesas y alguien

heredó a Jacqueline

 

y alguien las pistolas de funda y nácar

y el puñal de la vaina de cuero.

 

 

 

Yo no heredé nada

huí para la Ciudad de Susa

y rapté

en el borde de la fuente

una

Susana.

 

Las tierras ardieron los ríos se secaron los navíos

se hundieron

¿los patacones? –se derritieron-

 

la escalera cayó, jacarandás se quebraron

los caballos murieron

se rasgó la casaca, se deshilachó el sombrero de copa

paró el reloj desapareció la cadena

y la pistola y el puñal murió Jaqueline en un

cabaret en Crateús.

 

El tiempo se comió todo.

Faltó la eternidad

 

tus ojos tu boca

herencia mía

 

Susana.

José herdou as terras

João os rios

com seus navios

no Amazonas no São Francisco no Parnaíba

Francisco herdou o engenho

a cana caiana

Manuel herdou os patacões de ouro

Antônio herdou as fazendas de bois

e Pedro a casa-grande

escada de mármore

jacarandás lavrados

outros herdaram cavalos

arreios estribos de prata

e até Miguel herdou

a cartola a casaca

o relógio e a corrente

de ouro.

 

 

Naquele tempo havia amantes francesas e alguém

herdou Jacqueline

 

e alguém as pistolas de coldre e madrepérola

e o punhal da bainha de vaqueta.

 

 

 

Eu não herdei nada

fugi para a Cidade de Susa

e raptei

à beira da fonte

uma

Susana.

 

As terras arderam os rios secaram os navios

afundaram

os patacões? – derreteram –

 

a escada caiu, jacarandás se quebraram

os cavalos morreram

rasgou-se a casaca, puiu-se a cartola

parou o relógio sumiu a corrente

e a pistola e o punhal morreu Jacqueline num

cabaret em Crateús.

 

O tempo comeu tudo.

Restou a eternidade

 

teus olhos tua boca

herança minha

 

Susana.

 

 *Odorico Leal es egresado en Letras por la Universidad Federal do Caerá; es Magister por la Universidad de Minas Gerais y actualmente realiza su doctorado sobre la figura del poeta Gerardo Mello Mourão.