Mundos Sonoros: cruces, circulaciones, experiencias

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Por: Raúl Minsburg

Imagen: Detalle de la obra waveforms de Ana Paula Hall con diseño sonoro de Ricardo de Armas.

Raúl Minsburg, reconocido compositor, docente e investigador, hace un breve recuento de lo visto y, sobre todo, lo escuchado en el I Simposio Internacional de Arte Sonoro celebrado en la ciudad de Buenos Aires. Un evento que, como nos cuenta el autor, abre la puerta a nuevas formas de experimentar y reflexionar la historia, los afectos y los cuerpos a través de los sonidos.


En sintonía con el creciente interés que el arte sonoro viene teniendo en Latinoamérica en los últimos años –un interés que, más allá de lo académico, vincula nuevas prácticas, estudios y discursos–, en los días 13 y 14 de septiembre se realizó el I Simposio Internacional de Arte Sonoro “Mundos Sonoros: cruces, circulaciones, experiencias”. Organizado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en donde además se anunció el lanzamiento de la Especialización en Arte Sonoro. El simposio abrió un espacio para el estudio integral del sonido, un objeto múltiple y complejo pensado como un elemento en sí mismo y, a la vez, en relación con sus formas de funcionamiento a partir de cruces multidisciplinares del arte con distintos campos. El evento reunió a 60 expositores –investigadores, docentes, artistas y estudiantes de Uruguay, Chile, Perú, Brasil, Colombia, México e Inglaterra– y a una cantidad sorprendente de público que asistió para escuchar las presentaciones.

Hace más de cuarenta años, Jacques Attali comenzaba su célebre ensayo Ruidos con una idea que marcó la reflexión sobre lo sonoro hasta el día de hoy: “El mundo no se mira, se oye. No se lee, se escucha”. ¿Qué quiere decir escuchar el mundo? ¿Cuáles son los múltiples e infinitos sonidos que produce el mundo? ¿Qué tipo de informaciones nos dan? ¿Qué sensaciones generan? ¿Qué afectos movilizan? ¿Cómo aprendemos a escuchar, reconocer, percibir e interpretar esos sonidos? Difícil de encasillar, el arte sonoro problematiza el vínculo de la sociedad y la cultura con el sonido, así como los modos de escucha. Desde perspectivas históricas, geolocalizadas, hasta aquellas que indagan más puntualmente en la relación con la tecnología. La convocatoria del evento giró en torno a una serie de ejes como “Paisaje, territorio y comunidad”, “Arte Sonoro en Latinoamérica”, “Representación, transcripción y sonificación”, “Luthería electrónica y Tiempo Real”, “Percepción y escucha”, “Imagen, gesto y sonido”, “Arte Sonoro y Educación”, “Patrimonio y Comunidad” y “Arte sonoro, género y sexualidades”.

En el cruce entre sonido y tecnología está, por ejemplo, el trabajo de Leandro Garber y Tomás Ciccola, quienes diseñaron AudioStellar, un instrumento musical virtual que utiliza técnicas de inteligencia artificial y que “agrupa sonidos de corta duración y reduce su dimensionalidad con el objetivo de visualizarlos y generar una plataforma de exploración y composición sonora orientada a productores, artistas sonoros y músicos tradicionales y experimentales”.

Mediante un trabajo de construcción colectiva de memoria sonora y de creación plástica, con sistemas de conducción mecánica de la vibración, Leonel Vazques convierte árboles en instrumentos fónicos, gargantas que además de sonar, agencian la voz. El resultado es Cantos silentes en cuerpos de madera, un proyecto artístico y social que aporta en la resignificación de los hechos de violencia a través de ejercicios de reconstrucción de la memoria con comunidades afectadas por el conflicto armado en Colombia.

“¿Cómo se relaciona el sonido con el acontecimiento? ¿Cómo damos cuenta de los datos de auralidad, de aquello que escuchamos y puede volverse signo, idea, conocimiento?”, se pregunta Francisco “Tito” Rivas en su exposición sobre ese fenómeno tan impactante en la memoria colectiva de los habitantes de la Ciudad de México como fue el sismo que el pasado 19 de septiembre de 2017 asoló la ciudad y conmovió a todo el continente. El acontecimiento quedó grabado en la memoria –y en los cuerpos– de los habitantes, en relación con lo sonoro y con la escucha en el momento del desastre y luego con el silencio, factor clave e indispensable para la búsqueda entre los escombros. “Ciertamente –señala el docente e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México– no a todos los acontecimientos nos podemos vincular auralmente, la historia nos ha acostumbrado a buscar el acontecimiento más bien en un texto escrito, o acaso en una imagen, una pintura, una fotografía, incluso un video. Pero una comprensión aural de la historia pareciera ofrecernos otra forma de acercarnos al pasado”.

Desde propuestas como estas, que abordan el sonido como un elemento central en la construcción de la memoria de un acontecimiento traumático, o aquellas sobre sonido y tecnología; hasta otras que exploran lo sonoro en articulación con sexualidades y posiciones de género, la amplitud y la apertura de la convocatoria del I Simposio Internacional de Arte Sonoro están a la altura de un arte que se constituye como un campo de experimentación y como un núcleo de conocimiento emergente y transdisciplinar, que parte del sonido para converger con otras prácticas artísticas y con disciplinas humanísticas y de las ciencias exactas. La danza, los videojuegos, la imagen, el teatro, la historia, la antropología, el espacio y el territorio, la sociología, la acústica, la física, la cognición son algunos de los ámbitos que se entrecruzan con el sonido en exposiciones que, además, reflexionan sobre la escucha. Este espectro amplio de enfoques pone en evidencia el campo fértil del núcleo de conocimientos que se está produciendo hoy alrededor de estos temas.