Nombrar lo nuevo, reseña de ¿Qué será la vanguardia? (2021) de Julio Premat

Por: Paula Klein*

Paula Klein reseña ¿Qué será la vanguardia? de Julio Premat y señala cómo esta reciente publicación nos propone calzarnos los lentes del anacronismo crítico para pensar el concepto de la vanguardia, no ya desde la lógica de su agotamiento, sino de sus posibilidades en el presente.


La de la vanguardia se transforma para Premat en una pregunta sobre cómo periodizamos la historia literaria y cómo nombramos los nuevos fenómenos que irrumpen en el campo literario. Pero la vanguardia funciona también como una herramienta para analizar un ethos de escritor: una “postura” retórica y pragmática, y una manera de ocupar un lugar en la escena literaria. Los escritores de vanguardia son los que intervienen de manera combativa en la definición de los “posibles literarios” contemporáneos.

La vanguardia cuestiona también nuestra percepción de la temporalidad, la manera en que percibimos nuestro presente, entre el pasado y los deseos que proyectamos hacia el futuro. Debatiéndose entre una vocación utópica y la constatación nostálgica de que lo nuevo ya no tiene posibilidad de ser, Julio Premat nos invita a pensar la “herencia de la vanguardia” como un “resto épico” (p. 216): algo mínimo, una reliquia o un indicio capaz de reactivar en el presente “un pasado en el que el futuro sí parecía posible” (p. 216). Desde el punto de vista del lector, la vanguardia opera como un dispositivo de creación de valor, en tanto supone una intervención en el canon, un ordenamiento y una valoración estética de la literatura actual.

En la primera parte del libro, que lleva por título “Coordenadas”, Julio Premat nos propone interrogarnos sobre qué puede ser la vanguardia en la literatura argentina actual. A partir de una lectura productiva del seminario de 1990 de Ricardo Piglia y del libro al que da lugar –Las tres vanguardias: Saer, Puig, Walsh (2007)–, el autor sugiere que el concepto de vanguardia nos permite establecer periodizaciones y pensar el presente desde una duración larga. Según una idea clásica de Pierre Bourdieu, la vanguardia aparece como un terreno de enfrentamientos, como el sitio de batallas en las que se define qué es lo que tiene valor y qué es lo nuevo (p. 16). Julio Premat reactualiza también la lectura de Walter Benjamin que piensa la vanguardia como una respuesta formal a una situación social, y como el modo en que los escritores definen su práctica y su colocación en el campo literario frente a otras poéticas. El autor retoma, asimismo, dos modelos e interpretaciones de la vanguardia en los años sesenta, que operan de manera simultánea creando una tensión. En primer lugar, el modelo “de aquellos que anhelan el borrado de la frontera arte-vida (Pop Art, happening, under, Kerouac)” (p. 15). Por otra parte, “una concepción del arte como una forma que tiende a lo abstracto, fuera de todo contexto, como un puro sistema de signos (Beckett, Nouveau roman, Tel Quel)” (p. 15). Julio Premat sugiere dos interpretaciones opuestas de este fenómeno. Una interpretación contextualista que lee la vanguardia como una reacción a circunstancias sociales, económicas e históricas y que deriva, por lo tanto, hacia una percepción política en la línea de los escritos de Peter Bürger (p. 15). Por otro lado, una interpretación que tiende al formalismo y subraya el decadentismo, la esterilidad o el agotamiento del concepto (cf. Jean-Marie Schaeffer) (p. 15).

En un giro borgeano que evoca la célebre conferencia “El escritor y la tradición”, Julio Premat afirma que la pregunta por la vanguardia es una pregunta sobre la tradición, entendida como un conjunto de coordenadas espacio-temporales desde las cuales leemos. ¿Qué relación a la tradición construyen los autores que consideramos vanguardistas? Se trata de escritores que, en un determinado contexto histórico, desafían el paradigma de los posibles y desplazan el “horizonte de expectativas” (H. R. Jauss) establecido para crear algo nuevo. La vanguardia puede entonces ser pensada, como lo sugiere Arturo Carrera en el prólogo de la poesía completa de Rodolfo Fogwill, como “la parodia crítica de la tradición”, pero también como una lectura activa, a destiempo o incluso destructiva de la tradición, tal como lo sugieren algunos de los escritores retomados por Premat y, en particular,Héctor Libertella o Ricardo Piglia. ¿Qué será la vanguardia? propone así estudiar las redefiniciones tardías de este concepto y pensar sus actualizaciones contemporáneas a la manera en que lo hacía Ricardo Piglia en su seminario, i.e. para pensar en poéticas que rompen o bien que se salen del marco de nuestras expectativas.

La segunda parte del libro, titulada “Lecturas”, propone un corpus con una serie en forma de tríptico y dos periodizaciones principales. En los años 1990, Ricardo Piglia, Héctor Libertella y César Aira son los tres autores principales que, desde la óptica de Julio Premat, recuperan o inventan vanguardias. Otros datos relevantes para postular la presencia de una “corriente” vanguardista en las letras argentinas a partir de 1990 son, entre otros, el rol que ocupa Babel. Revista de libros (1988-1991) en la construcción de un canon literario alternativo, así como la irrupción del grupo “Shanghai” –integrado por autores como Alain Pauls, Daniel Guebel, Matilde Sánchez. Charlie Feiling y Sergio Chejfec– en el centro de la escena literaria.

Para pensar los años 2000, Premat propone una serie de “Propensiones” o tendencias que aparecen encarnadas en su libro por un puñado de escritores. El autor analiza, respectivamente, la problematización de la novela de hijos o memorialista, de la escritura feminista y de la literatura del yo, en obras de Félix Bruzzone, Gabriela Cabezón Cámara, Sergio Chejfec, Pablo Katchadjian, Mario Ortiz, y Damián Tabarovsky. No sin ironía, Premat propone una “generalización efectista e incluso un título seductor: 1990, Argentina: las vanguardias o 1990-2018: el retorno de las vanguardias”. Los catálogos de editoriales “independientes” como Malsalva, Interzona, Entropía, Belleza y Felicidad, Eloísa Cartonera, Colección Chapita y otras, resultan también fundamentales para pensar la escena literaria actual y las nuevas vertientes que cada editorial busca reforzar y construir (p. 33).

En lo que respecta a Ricardo Piglia, el primero de los escritores escogidos en la serie de los años 1990, Premat señala que el autor no sitúa su reflexión sobre las vanguardias “en la línea temporal sino en un espacio de confrontación, que además de ser militar tiene que ver con la tradición política evocada” (p. 62). Más allá de sus novelas, lo que le interesa a Premat es la reflexión de Piglia sobre los “modos de ser escritor”, un cuestionamiento que recorre sus ensayos y que reaparece con fuerza en sus Diarios a partir de la dinámica “Piglia/Renzi”. Entre las múltiples cualidades y facetas que hacen de Ricardo Piglia un nombre digno de inaugurar esta serie vanguardista de los años noventa, el autor destaca una propuesta: la de pensar “el ensayo como relato, como autobiografía, como proyección fantasmática, como laboratorio de una voz literaria” (p. 83).

En segundo lugar, encontramos la obra de Héctor Libertella, un autor que, desde su participación crítica en Literal hasta sus novelas, irrumpe en el campo literario proponiendo “ficciones teóricas” con un “air du temps telquelista” (p. 25). La tercera obra abordada en esta serie es la de César Aira. Con su “ocupación anómala de los terrenos de la vanguardia llamada histórica” y su “ritmo febril de invención” (p. 23), Premat subraya la importancia de su obra y de su legado para la literatura argentina actual y la que vendrá. A través de procedimientos como la “puesta en duda de la buena escritura y del concepto de obra, estrategias provocadoras de edición, proliferación de intrigas, filiación imprevisible en la que Duchamp y Roussel ocupan el lugar de referentes” (p. 23), Aira reactiva la retórica de la vanguardia histórica. Asimismo, sus ensayos sobre autores como Copi, Alejandra Pizarnik, Osvaldo Lamborghini o Manuel Puig actúan como espacios de creación de una “novela familiar o genealógica vanguardista” (p. 24). Más allá de la marcada heterogeneidad e incluso de los lugares antitéticos que estos tres autores ocupan en el campo literario argentino, Julio Premat destaca la impronta de Borges como un rasgo común de sus poéticas vanguardistas. Para decirlo con el autor: “Piglia, Libertella y Aira son avatares tardíos de una práctica autorreflexiva singular, de la cual Borges es, claro está, el máximo exponente” (p. 39).

En lo que respecta a la serie de los años 2000, Premat sugiere relaciones entre los tres autores propuestos por Ricardo Piglia como la encarnación de poéticas vanguardistas y los escritores que integran su propia serie “Propensiones”. Podríamos así, por ejemplo, interrogarnos sobre la relación entre la obra de Juan José Saer y la de Gabriela Cabezón Cámara (La Virgen Cabeza, 2009; Romance de la negra rubia, 2014; Las aventuras de la China Iron (2017)” o entre la obra de Rodolfo Walsh, la de Félix Bruzzone (Los topos, 2008) y los ensayos de Sergio Chejfec (El punto vacilante, 2005; Sobre Giannuzzi, 2010; Últimas noticias de la escritura, 2015 ; Teoría del ascensor, 2016 ; El visitante, 2017).

Para volver a la serie propuesta por Julio Premat como un síntoma de “lo nuevo” en los años noventa, podríamos pensar también en una filiación entre las estéticas de César Aira y Pablo Katchadjian o en la de Héctor Libertella y Damián Tabarovsky (Literatura de izquierda, 2004; Fantasma de la vanguardia, 2018; Una belleza vulgar, 2021; El amo bueno, 2016). Premat se interroga, además, sobre la manera en que los narradores que integran su serie de los años 2000, como Mario Ortiz (Cuadernos de lengua y literatura : diez libros publicados entre 2000 y 2017), Cabezón Cámara y Bruzzone “desplazan y problematizan, con recursos de raigambre vanguardista, tres líneas dominantes de la narrativa del siglo XXI en Argentina, o sea, respectivamente, la literatura del yo, la escritura feminista, la novela de hijos o memorialista” (p. 152). Continuando el gesto vanguardista de César Aira, Pablo Katchadjian propone una irrupción vanguardista con una intervención en libros “sagrados” (El Aleph engordado, 2008; El Martín Fierro ordenado alfabéticamente, 2007). En lo que Julio Premat denomina sus ficciones “originales” prima, a su vez, una escritura de inspiración formalista y una lógica de nonsense (Gracias, 2013; La libertad total, 2013 o El caballo y el gaucho, 2016).

En el balance final de ¿Qué será la vanguardia?, Julio Premat señala que “la vanguardia no es una verdad estética sino un repertorio de posibles, un abanico de resistencias y radicalidades, sin preceptos, sin manifiestos, sin grupos” (p. 190). El desafío es percibir la “radicalidad, la oposición, la experimentación, el formalismo de la vanguardia en tanto armas de defensa o de reivindicación, anacrónicas, de lo literario” (p. 194). Alejada ya de los “ismos”, la vanguardia supone la existencia de comunidades y de estilos alternativos y nos confronta a la idea de que el cambio es la condición misma de existencia y de emergencia de lo nuevo. La decisión de cerrar su libro con una reflexión sobre los límites y las zonas de permeabilidad entre vanguardia y utopía merece ser destacada. En este sentido, Premat trae a colación una breve frase de Bertold Brecht: “algo falta” (p. 210), que le sirve para afirmar el valor utópico de la vanguardia como “una duda prometedora” y “una incitación decisiva a la creación” (p. 210). Retomando una reflexión del filósofo Pierre Macherey, la vanguardia se transforma en el horizonte de posibilidad de la literatura; es “el epítome de lo literario, porque la literatura transforma el mundo, no interpretándolo (y menos aún reflejándolo) sino con una construcción, una ficción, una inexistencia (…)” (p.210).


Premat, Julio ¿Qué será la vanguardia? Utopías y nostalgias en la literatura contemporánea, Buenos Aires: Beatriz Viterbo, 2021, 236 páginas.


* Paula Klein es Doctora en Literatura comparada, especialista de literatura argentina y del Río de la Plata. Su ensayo Petites mémoires et écriture du quotidien: Cortázar, Perec et leurs échos contemporains fue publicado en 2021 en Classiques Garnier.

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