Sorpresas y heridas. En torno a «Desafiar el sentir. Feminismos, historia y rebelión», de Cecilia Macón

Por: Florencia Angilletta

Florencia Angilletta reseña Desafiar el sentir. Feminismos, historia y rebelión (2021), de Cecilia Macón. Angilletta propone efectos de lectura y saca a la luz los entrecruzamientos que se dan en un texto construido desde y sobre los afectos.


Entrar a un libro es, al seguir las huellas de los modos de leer de Barthes, leer sus “partes blandas”. Entrar a Desafiar el sentir. Feminismos, historia y rebelión por la forma misma en que está escrito, es decir construido, puede ser comenzar por los agradecimientos. Todo libro es una carta de gratitud en el que las citas son los/as invitados/as a participar del texto y los agradecimientos (muchas veces hay coincidencias entre ambos) son el procedimiento explícito en que se tramitan estas redes. En la escritura de Desafiar el sentir se pone de manifiesto el “trabajo de largo aliento” en el que se entrelazan las investigaciones y publicaciones, la docencia, el contacto con colegas y estudiantes, los intercambios intelectuales (y afectivos, desde luego) que propulsan estas escrituras. El agradecimiento como parte blanda es la caja de resonancia de las condiciones de su producción que, en este caso, son especialmente subrayadas y pueden ser un primer modo de leer o proponer una clave de lectura.

La portada del 5 de junio de 1913 del periódico inglés The Daily Mirror muestra a la activista Emily Davison tirada en el piso tras irrumpir en medio de la carrera del Derby de Epson para protestar y pedir por el sufragio femenino.

Digámoslo de otro modo: ¿Cómo leer desde el afecto un libro sobre los afectos? Ese conjunto de materiales, discusiones, cuerpos y prácticas al que llamamos, no de forma estable ni armónica, “giro afectivo”. La forma afectiva, entonces, construye este texto para organizar, a la vez, una serie de discusiones conceptuales y un “archivo de sentimientos”. Al mismo tiempo, encarna la materialidad en la cual se suceden las transformaciones afectivas que los feminismos vienen desarrollando a partir de los últimos años, entrelazados con la lucha y la conquista del derecho al aborto, seguro, legal y gratuito. No casualmente, el título pone de manifiesto esta tensión: el atravesamiento de las propias trayectorias intelectuales-afectivas (los feminismos en plural como comunidad política o modo de poner en común lo político); la historia (un proceso interrumpido y torsionado entre el pasado y el presente); y la rebelión (una expectativa que cristaliza la productividad de estas tensiones, no necesariamente al modo teleológico de un proceso y de un resultante, sino más bien ese estadio de cuestionamiento e interrogación). Desafiar el sentir es un libro, pero también es una reescritura de los efectos de lectura que Cecilia Macón produjo en las textualidades de sus colegas y de los/as jóvenes, quienes muchas veces conocieron (conocimos) estas bibliotecas a través de ella, de su arrojo y de su ímpetu y, al mismo tiempo, de los procesos activistas y políticos concomitantes a esas transformaciones epistemológicas.

Simulacro de votación de 1920 en la sede de la Liga Patriótica Argentina de Buenos Aires. Gentileza Archivo General de la Nación.

Estas escrituras se organizan tanto con los afectos que hacen posible la reescritura de la ciudadanía (de la ley), como con los modos institucionales afectados: los cambios mismos que pueden ocurrir en el lenguaje con el llamado “lenguaje inclusivo” o con las posibilidades tecnológicas a través del análisis de los memes o hashtags, por ejemplo, en ocasión de la lucha por el aborto. Los afectos puestos en juego en la escritura, en ese hecho de lenguaje. El libro hace de sí mismo ese “archivo de sentimientos” e introduce, por ejemplo, la voz de la poeta chilena Teresa Wilms Montt: “nací cien años antes que tú, sin embargo te veo igual a mí”. O cuando señala: “esto no debería estar sucediendo”, frase de Joan Didion, en Noches azules, ante la muerte impensada de su hija. O cuando precisa que Séneca Falls es un pueblo en el Estado de Nueva York con “pocos autos, árboles robustos, comercios con cartelería policíacamente controlada, un nuevo setting tal vez para capítulos extra de Gilmore Girls”.

Desafiar el sentir se organiza en cuatro capítulos: “Nosotras abortamos”, “Declarar sentimientos en 1848”, “Simular para emancipar”, “Ya es ley, el deseo inevitable”. El primer capítulo trabaja con las acciones feministas en Francia en 1970, en particular, vinculadas con los derechos de las mujeres y las distintas performances políticas. El segundo analiza desde los afectos la declaración de derechos y la militancia sufragista conocida como “Declaración de los sentimientos” en 1848 en Estados Unidos. El tercero interviene sobre las experiencias de simulacro sufragista en Argentina en la década del veinte, desde la imagen de Julieta Lanteri al emitir su sufragio en 1911 hasta la simulación realizada en 1920 por 5000 mujeres que votaron en las elecciones legislativas. El cuarto coagula los análisis a partir de las intervenciones de la lucha y conquista por el derecho al aborto, legal, libre, seguro y gratuito en la Argentina, y la constitución de la llamada “cuarta ola”, con las generaciones más jóvenes de feministas.

En Mendoza, una mujer joven participa del simulacro de votación en 1920, vestida de blanco, color elegido por las sufragistas. Gentileza Archivo General de la Nación.

La estructuración formal de los capítulos muestra tensiones que son genealógicas en el “giro afectivo”, que son los modos de leer en tanto operaciones de cruzar materiales culturales y políticos (fotografías, programas televisivos, documentos, leyes, literatura, cuerpos, vidas, hashtags, memes, teorías), geografías (Francia, Estados Unidos, Argentina) y temporalidades (1970, 1848, 1920, 2018). Desde la forma de cada capítulo se interviene en los afectos, no como instancias distintas de la acción (la discusión sobre su supuesta pasividad), ni en la dicotomización razón/pasión (los modos supuestos en que ciertos afectos masculinos producen ámbito público, mientras que otros femeninos codifican ámbito privado). Son los tejidos temporales en tanto operaciones de lectura que alteran las relaciones clásicas y lineales entre pasado, presente y futuro. Un cambio: no es que primero se trata de sentir y después hacer, sino que sentir es hacer, o al menos, incluye una dimensión performativa del hacer. De cómo “hacer cosas con palabras” a cómo “hacer cosas con sentir”. Leemos en Desafiar el sentir:

El orden cisheteropatriarcal se legitima a través de una configuración afectiva que se pretendía inalterable. Comenzando por el clásico gesto que adjudica emociones y pasiones desestabilizadoras a las mujeres y el arma productiva de la razón a los varones, la matriz opresora se continúa con el abismo establecido entre pasiones políticas masculinas –valentía, ira, orgullo– y las consideradas nimias –básicamente, la sentimentalidad–, adjudicadas a las mujeres. (Macón, 2021: 13)

Si Desafiar el sentir es una reescritura de los afectos, que son tanto el motor de los feminismos como los modos de leer nuestra propia vinculación con ellos, y las formas en que la historia puede estar atravesada por la rebelión, una de las apuestas de lectura que produce este libro es la de agencia afectiva feminista. La agencia como una forma de introducir una dimensión que altera las clásicas lecturas en torno a los dispositivos de dominación y resistencia. Así incorpora como reescritura los modos de leer los afectos (y efectos) que produce el “giro afectivo” en los feminismos: ¿dónde está la acción?, ¿dónde reside la potencia?, ¿qué es un acontecimiento?, ¿cómo se altera la escisión moderna entre lo público y lo privado?, ¿qué implica leer desde los afectos?

… desde sus comienzos los movimientos feministas entendieron que el camino hacia la emancipación requiere alterar esa configuración para generar otras posibles […] Lo que se pone en funcionamiento aquí es una agencia afectiva específica donde los afectos no son meros disparadores de la acción, sino que señalan una relación tensionada aunque productiva en términos de capacidad de acción entre afectos y emociones. (Macón, 2021: 13)

La agencia afectiva no implica exhibir un orden afectivo más auténtico o espontáneo –como pretenden ciertas versiones del giro afectivo–, sino inventarse una configuración nueva: intervenir los afectos, más que nutrirse de ellos. […] Lejos de una concepción en la que los afectos son causa de la acción, la agencia afectiva supone la refiguración del orden afectivo como efecto y como causa. (Macón, 2021: 35)

En la primera página de la introducción aparece una palabra que puede ser un modo de leer estas partes blandas y que también evoca algo de la colorigrafía de la tapa realizada por Pablo Font: “sorpresas”. Si en algún punto, una escritura aloja lo que se espera, una reescritura podría incluir además lo inesperado, pero no meramente como la inversión o la contra, sino justamente por las sorpresas que acontecen en la producción misma de esa reescritura. Esas sorpresas son, en buena medida, esta colección de “archivos de sentimientos” que propone este libro, lejos de un manual o de hitos de los feminismos, en la decisión afectiva (que nunca es anti-intelectual) de estos cuatro cortes organizados por las luchas sufragistas y las luchas por el aborto como modos de reescribir la ciudadanía.

Otra de sus apuestas es releer la ciudadanía a partir de los modos en que los afectos no son una cosmética o un complemento sobre el orden cisheteropatriarcal, sino la forma misma en que se produce ese orden y sus divisiones: público/privado, trabajo/labor, valor/invisibilización.

La distinción entre afectos masculinos y femeninos es la que instituye la dicotomía entre una esfera pública y una privada. (Macón, 2021: 48)

No es que se hayan asignado los afectos femeninos al orden privado y los masculinos al público, sino que la distinción entre el orden público y el privado fue constituida a través de la asignación de afectos femeninos y otros masculinos. (Macón, 2021: 75)

Así también, esta operación se construye a partir de las conexiones temporales que desafían el sentir de la historia y sus rebeliones.

Se trata de un archivo de demandas que sostienen la continuidad del presente con el pasado de modo tal que no hace del último ni una instancia remota, aunque pendiente de resolución, ni un trauma estrictamente presente, sino un contacto fugaz, pero carnal y afectivo, por medio de la presencia de quienes son introducidas en tanto activistas insistentes más que como sobrevivientes o figuras casi fantasmales. (Macón, 2021: 201)

En las últimas páginas está escrita la palabra “herida”. Esa resonancia puede abrirse, en al menos, dos dimensiones. En “El movimiento hacia la emancipación de la mujer en la República Argentina”, la dirección de la revista El Mundo escribe antes de la publicación de un texto de Alfonsina Storni: “El voto de la mujer ya no parece una utopía y grandes repúblicas lo consideran como un medio, acaso el mejor, de moderación social en estos momentos de peligro para la democracia. Alegrémonos de que nuestras compañeras del hogar puedan contar con nuevos campos y medios para traernos un poco más del sólido caudal de su inteligencia y experiencia y sobre todo del inmenso poder de sus sentimientos”. Este texto es releído de forma distinta después de Desafiar el sentir, cuyo dispositivo hace resaltar estas palabras: “el inmenso poder de sus sentimientos”.

Activistas homenajeando a “La mujer del soldado desconocido” en el Arco de Triunfo en París. 26 de Agosto de 1970.

Respecto de la otra dimensión, en el primer capítulo del libro se analiza como performance la puesta en escena en 1970 en Francia, en El arco del Triunfo, para homenajear a “la mujer del soldado desconocido”. El 2 de abril de 2022 se cumplen cuarenta años de la guerra de Malvinas. Después de la lectura de Desafiar el sentir, cabe preguntarse por los afectos y los feminismos que acompañan ese día. Quizás la tensión, a lo sumo, se pose sobre las figuras públicas, como las enfermeras, las mujeres que estuvieron cerca de la “escena” Malvinas. Pero la pregunta que nos queda es quiénes recuerdan a las mujeres de los soldados desconocidos. Las desconocidas últimas. Lo que siempre cuesta tanto leer como “público”.

Quizás un libro que funcione como una reescritura sea en definitiva eso. No uno que solo empieza y termina en el afecto con el que dice lo que dice, sino aquel que, en tanto “archivo de sentimientos”, produce efectos de nuevas lecturas. Es decir, produce otras escrituras, otras miradas. En Desafiar el sentir también hallamos esa generosidad: la de un texto que va a producir más textos y conversaciones porque, en definitiva, afecta y desafía. Sorpresas y heridas.


Macón, Cecilia. (2021). Desafiar el sentir. Feminismos, historia y rebelión, Buenos Aires, Omnívora Editora, 256 páginas

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